Los nuevos límites del marketing: El caso de KFC

En el post de hoy me alejo bastante de la comunicación corporativa que es la temática principal del blog y para celebrar que es domingo os traigo algo más ligero/curioso/inquietante relacionado con el marketing.

Nos hemos acostumbrado a ver de todo. El consumidor del siglo XXI cada vez es más impermeable a los impactos publicitarios tradicionales. Se calcula que una persona recibe de media 3.000 impactos de distintas marcas al día y claro, de la gran mayoría ni siquiera somos conscientes, con que no hablemos de recordar la marca en cuestión.

Con este panorama tan competitivo los departamentos de marketing de las empresas se tienen que estrujar los sesos todos los días para sobresalir y dar con una idea original, algo que logre el ansiado objetivo: ser recordada.

Pero ¿todo vale en marketing y publicidad? ¿Dónde están los límites?

No me refiero a anuncios de mal gusto como los de la marca de automóviles Ford con Berlusconi “secuestrando a tres mujeres” o a esta campaña (también muy machista) del Mercado Lonja del Barranco de Sevilla. Estos anuncios son lamentables y creo que todos estaremos de acuerdo que sobrepasan las rayas rojas de la creatividad y el humor para pasar a ser ofensivos y groseros. Son anuncios que no deberían haberse hecho. Punto.

Sin embargo, lo que os traigo hoy es algo más ambiguo, que explora los límites del marketing de una manera muy peculiar. Personalmente, llevo tres días pensando en ello, desde que lo leí en la web de Marketing Directo, y todavía no sé si me parece una genialidad o la idea más asquerosa que he escuchado en la vida. Si no han leídos los periódicos agarraros que vienen curvas: KFC ha sacado una línea de pintauñas con sabor a su pollo frito.

Yo es que sigo ojiplática. La marca de comida rápida ha sacado al mercado unos pintauñas que al parecer saben a pollo para (y cito) “chuparse los dedos”. Por si fuera poco han sacado dos sabores: original y picante. De momento solo están disponibles en Hong Kong y, la verdad, no sé si quiero que la idea se extienda al resto del mundo.

Según ha publicado la compañía en un comunicado que recoge el diario 20 minutos “para usarlo, los consumidores se tienen que limitar a aplicarlo y dejarlo secar como el esmalte de uñas normal y luego lamerlo una y otra vez”. Muero.

Desde luego, si querían sobresalir y ser recordados lo han conseguido. Yo llevo tres días imaginando a la gente en el metro chupa que te chupa las uñas.

¿A vosotros qué os parece? ¿Es ingenioso o han ido demasiado lejos? ¿Esta campaña aumenta la visibilidad de la marca o acabará teniendo un efecto rebote y trayendo consecuencias negativas a una empresa que se dedica (no lo olvidemos) al sector alimenticio?

¿Dónde están los límites del marketing?

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